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segunda-feira, 2 de julho de 2018

Do not go gentle into that good night (Dylan Thomas)


Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light

Não entre nessa noite docemente (Dylan Thomas)




Não entre nessa noite docemente,
A velhice deve arder em delírio ao fim do dia.
Lance contra a luz que se apaga um grito demente

O sábio, para quem a morte é certa e segura,
Sabe que sua palavra não retém a luz que via,
E não entra nessa noite com doçura.

O homem bom, que nas últimas ondas pressente
Suas débeis façanhas esvanecer na verde baía,
Lança contra a luz que se apaga um grito demente.

O insano, que quis agarrar e cantar o sol em sua loucura,
Tarde demais aprende que o oprimia em sua travessia,
E não entra nessa noite com doçura.

O homem grave, que diante da morte vê como cego vidente
Olhos opacos como astros resplandecerem de alegria,
Lança contra a luz que se apaga um grito demente.

E tu, meu pai, agora distante nessa triste altura,
Amaldiçoa-me, abençoa-me com tua lágrima arredia
Não entres nessa noite com doçura
Lança contra a luz que se apaga um grito de loucura.

terça-feira, 26 de junho de 2018

El Perro




mijo na porta da amada cachorra (cadê ela?)
a cadela vive no cio enquanto eu moro no ócio
                 
farejo um logro
arrepio a crina

vida de perro não é fácil
roo o osso mas não sou dócil
não fico perrengue

ladro um fero brado

pelo ocre caninamente escuro 
erro pelos becos em  pelos eriçados
rente ao muro
trago um cigarro barato
olhos em brasa rosno um rock
sou El Perro

entre lobos e homens eu aperreio-me
mordisco uma carniça rego a goela ardente
berro erres de ressentimento e raiva
rolo na terra fico louco (não sou cachorro)
                        arrepio-me
roço o couro na parede
coço o saco
mordo o próprio rabo
crio rugas na testa e pelos na orelha
planto verrugas no rosto
vocifero pragas entre dentes
sob o plenilúnio lato
recuso o uivo estridente e não viro a lata
                        aperreio-me
sou El Perro (eu não sou cachorro não)

(mai/2013)

sexta-feira, 22 de junho de 2018


de repente o gesto desesperado
nos salva
lança-nos nas sombras
do insondável presente
esse assombroso intervalo
nas dobras entre as vértebras rotas
da vertiginosa fratura da rotina

do ato inesperado
verte o amálgama de sangue
e ossos triturados na engrenagem da alma
que gruda o vidro da retina
à pele enrugada do mundo

assim acuados
de repente
despertamos opacos
tateando o pálido dorso da fera
translúcida em cujo desfigurado semblante
vemos nosso rosto prefigurado

(jun/2013)

quarta-feira, 13 de junho de 2018

Vida anfíbia


Baby
estou voltando pra casa
mas você sabe
flerto com o eterno e fodo com o efêmero
se estou na rua estou na tua
se estou na tua estou em casa
sou de lua
Baby
viro a lata do lixo
me lixo para o nexo
me fixo no fluxo
sou viralata de luxo
minha vida anfíbia 

Baby
second life
lado oculto dark side
tem sido sempre assim
a walk on the wild side
mas sempre volto 

Baby
chupo o néctar do inútil
sou fútil meu bem
não moro 

transito
quando mordo não escondo os dentes
quando morto renasço de repente
desço ao fundo do poço
mas volto sempre

Baby
às vezes surto
mas no delírio me reconheço
quando choro não uso colírio
mas não se assuste sou subtil
roubo um beijo levo um tapa
dou a outra face
leva um tempo 

Baby
roubo o queijo e fujo para o escuro
o meu refúgio
mas no fundo do túnel vejo claro
estou voltando pra casa

Baby

(jul/2009)

quarta-feira, 6 de setembro de 2017

Soneto de Separação





primeiro dar sentido às páginas viradas 
e às pétalas de bem-me-quer desperdiçadas
juntar migalhas de sonhos em ruínas
despedir as ilusões rasgadas
 
depois esquecer os caminhos trilhados

por passos cansados de muita procura
retomar a viagem mas antes do depois
o salto do precipício para o sempre

que nunca é mais que um adeus

um aceno ao nunca mais
oh no more! never more!

então vestir a roupa do amanhã

um insigne girassol como signo
tatuado no azul imenso

(set/2017)














sexta-feira, 13 de maio de 2016

Cantemos el oro (Rubén Darío)


¡Cantemos el oro!
Cantemos el oro, rey del mundo, que lleva dicha y luz por donde va, como los fragmentos de un sol despedazado.
Cantemos el oro, que nace del vientre fecundo de la madre tierra; inmenso tesoro, leche rubia de esa ubre gigantesca.
Cantemos el oro, río caudaloso, fuente de la vida, que hace jóvenes y bellos a los que se bañan en sus corrientes maravillosas, y envejece a aquellos que no gozan de sus raudales.
Cantemos el oro, porque de él se hacen las tiaras de los pontífices, las coronas de los reyes y los cetros imperiales: y porque se derrama por los mantos como un fuego sólido, e inunda las capas de los arzobispos, y refulge en los altares y sostiene al Dios eterno en las custodias radiantes.
Cantemos el oro, porque podemos ser unos perdidos, y él nos pone mamparas para cubrir las locuras abyectas de la taberna, y las vergüenzas de las alcobas adúlteras.
Cantemos el oro, porque al saltar de cuño lleva en su disco el perfil soberbio de los césares; y va a repletar las cajas de sus vastos templos, los bancos y mueve las máquinas y da la vida y hace engordar los tocinos privilegiados.
Cantemos el oro, porque él da los palacios y los carruajes, los vestidos a la moda, y los frescos senos de las mujeres garridas; y las genuflexiones de espinazos aduladores y las muecas de los labios eternamente sonrientes.
Cantemos el oro, padre del pan.
Cantemos el oro, porque es en las orejas de las lindas damas sostenedor del rocío del diamante, al extremo de tan sonrosado y bello caracol; porque en los pechos siente el latido de los corazones, y en las manos a veces es símbolo de amor y de santa promesa.
Cantemos el oro, porque tapa las bocas que nos insultan; detiene las manos que nos amenazan, y pone vendas a los pillos que nos sirven.
Cantemos el oro, porque su voz es música encantada; porque es heroico y luce en las corazas de los héroes homéricos, y en las sandalias de las diosas y en los coturnos trágicos y en las manzanas del jardín de las Hespérides.
Cantemos el oro, porque de él son las cuerdas de las grandes liras, la cabellera de la más tiernas amadas, los granos de la espiga y el peplo que al levantarse viste la olímpica aurora.
Cantemos el oro, premio y gloria del trabajador y pasto del bandido.
Cantemos el oro, que cruza por el carnaval del mundo, disfrazado de papel, de plata, de cobre y hasta de plomo.
Cantemos el oro, amarillo como la muerta.
Cantemos el oro, calificado de vil por los hambrientos; hermano del carbón, oro negro que incuba el diamante; rey de la mina, donde el hombre lucha y la roca se desgarra; poderoso en el poniente, donde se tiñe en sangre; carne de ídolo; tela de que Fidias hace el traje de Minerva.
Cantemos el oro, en el arnés del cabello, en el carro de guerra, en el puño de la espada, en el lauro que ciñe cabezas luminosas, en la copa del festín dionisíaco, en el alfiler que hiere el seno de la esclava, en el rayo del astro y en el champaña que burbujea, como una disolución de topacios hirvientes.
Cantemos el oro, porque nos have gentiles, educados y pulcros.
Cantemos el oro, porque es la piedra de toque de toda amistad.
Cantemos el oro, purificado por el fuego, como el hombre por el sufragio; mordido por la lima, como el hombre por la envidia; golpeado por el martillo, como el hombre por la necesidad; realzado por el estuche de seda, como el hombre por el palacio de mármol.
Cantemos el oro, esclavo, despreciado por Jerónimo, arro

jado por Antonio, vilipendiado por Macario, humillado por Hilarión, maldecido por Pablo el Ermitaño, quien tenía por alcazár una cueva bronca y por amigos las estrellas de la noche, los pájaros del alba y las fieras hirsutas y salvajes del yermo.
Cantemos el oro, dios becerro, tuétano de roca, misterioso y callado en su entraña, y bullicioso cuando brota a pleno sol y a toda vida, sonante como un coro de tímpanos; feto de astros, residuo de luz, encarnación de éter.
Cantemos el oro, hecho sol, enamorado de la noche, cuya camisa de crespón riega de estrellas brillantes, después del último beso, como una gran muchedumbre de libras esterlinas.
¡Eh, miserables, beodos, pobres de solemnidad, prostitutas, mendigos, vagos, rateros, bandidos, pordioseros, peregrinos, y vosotros los desterrados, y vosotros los holgazanes, y sobre todo, vosotros, oh poetas!
¡Unámonos a los felices, a los poderosos, a los banqueros, a los semidioses de la tierra!
¡Cantemos el oro!